El Uruguay recibe elogios desde afuera, por su libertad, su apertura política y sus instituciones democráticas con larga raigambre histórica. Todo eso es un gran bien, y como tal debemos tenerlo muy presente para juntar energías para encarar cada jornada y construir cada etapa histórica. Es un gran bien, pero no basta
No basta, porque a los costados de la avenida de nuestro bien público, viene creciendo la maleza; y a los costados de esa maleza, viene juntándose debilidad, escoria, resignación y desechos estériles de sueños muertos.
Desde hace años, y con gobiernos de distintos partidos, hemos ido aceptando que el Estado negocie y firme contratos secretos, sustraídos al contralor ciudadano.
Desde hace años venimos soportando que se haya disuelto la autoridad de la Fiscalía de Corte en un Servicio Descentralizado creado inconstitucionalmente.
Toleramos un Código del Proceso Penal que le impone a los denunciantes esperas de largos meses para designar Fiscalía que los atienda y le impone al denunciado dejarse extorsionar con la amenaza de penas mayores si no se resigna a confesar y a aceptar alguna pena menor.
Por si fuera poco, el Presidente y dos Secretarios sin ningún Ministro anunciaron la rescisión del contrato con Cardama, pero ésta sigue armando les barcos que se le encargaron. Y nada se sabe hoy del juicio de rescisión que se anunció ni de la denuncia penal, que parece ser lo único que realmente se hizo después del anuncio.
Aunque nos elogien desde afuera, la realidad es que nuestro Derecho tiene debilitadas sus bases y sus principios, en todas las materias.
A esa realidad, no debemos resignarnos, pues de lo contrario perderemos el capital histórico de más de doscientos años de lucha por la justicia y la libertad: doscientos años que nos dieron identidad en el Río de la Plata, en el continente y en el mundo.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.