En Sayago, una criatura de tres años fue herido en la pierna, por consecuencia de un tiroteo contra la casa de su familia. Los testimonios aseguran que fueron dos personas las que llegaron en moto al lugar y dispararon contra la casa, en cuyo exterior se encontraron por lo menos cinco vainas de nueve milímetros.

Luego de ser llevado al sanatorio del Círculo Católico, el niño fue trasladado al Hospital Pereira Rossell, donde se confirmó que la lesión no es grave por lo cual está fuera de peligro.

Sí: felizmente el niño de tres años está fuera de peligro, pero infelizmente sigue habiendo zonas de Montevideo -y no sólo de Montevideo- en las cuales nadie está fuera de peligro y, al revés, todos están en peligro por balaceras incontroladas, generalmente provocadas por enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes, que hieren indiscriminadamente a niños, adolescentes y adultos.

Nada nos autoriza a acostumbrarnos a estas brutalidades. Nada nos autoriza a bajar la guardia frente a esta clase de crímenes ignominiosos. Y nada nos autoriza a apartarnos del mandamiento esencial de amar y respetar al prójimo, uno de cuyos corolarios es el deber de no matar.

En el plano político, la criminalidad narco se clasifica como asunto de seguridad, pero en última instancia es asunto de mentalidad, de mal vivir y de menosprecio por la condición humana, ajena y propia.

En las horas que rodean a la Nochebuena y la Navidad, no debemos callar que lo que hace la hoy nutrida crónica policial es recoger los trágicos frutos que genera olvidar la norma básica de amor al prójimo.

Esa norma vale para todos: lo mismo para creyentes que para ateos o agnósticos. Por eso, el símbolo del renacimiento no desaparece nunca y nos guía por encima de las laderas religiosas o filosóficas que cultive cada uno en su conciencia.

Es que la Navidad no es fecha sólo para celebrar y regalarse. Es fecha para tomarse en serio lo que vendrá. Y para darnos cuenta de que nuestro deber no es pactar con la resignación sino construir nuestra fortaleza como personas, como ciudadanos y como nación.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.