Montevideo Portal difundió una encuesta a 1.108 jóvenes de entre 16 y 35 años que realizó la Fundación Friedrich Ebert, de Alemania. El relevamiento concluyó que en el Uruguay la juventud tiene bajos niveles de confianza en los partidos y en los sindicatos y que, si hay una crisis, un tercio de los jóvenes preferiría una dictadura o muestran “una disposición significativa a aceptar salidas autoritarias en contextos de crisis económica, social o de seguridad”.
El estudio señala que estas posturas conviven con altos niveles de desconfianza hacia la política y con fuertes preocupaciones sobre el empleo y la inseguridad.
En cuanto a la valoración de la democracia, los datos relevados muestran que el 29% de las personas jóvenes respondió que frente a una crisis, un gobierno autoritario les resultaría preferible a uno democrático. A esto se suma que otro 21% manifiesta que le resulta indiferente vivir bajo un régimen democrático o no democrático.
Las encuestas siempre merecen críticas y reservas, pues no siempre sus números develan el sentimiento íntimo de la ciudadanía. Pero en este caso, dolorosamente debemos reconocer que el resultado no nos sorprende, ya que no hace falta ninguna encuesta para tocar con los dedos la insatisfacción y la apatía política y para sentir cómo se extiende la indiferencia ante la democracia y su culto por la persona y la libertad.
Todos lo sabemos; y a quienes somos conscientes de todo lo que atropella cualquier dictadura –del signo que sea- no nos basta el falso consuelo de que la misma indiferencia se ha apoderado de otras naciones y que, en múltiples escenarios, el populismo gritón –cabe repetir: sea del signo que sea- viene desplazando al pensamiento, ahogando la reflexión y sepultando el amor al prójimo.
El déficit de convicción democrática y la pérdida de vibración republicana no son casuales; y seamos francos: no se deben tanto a la inseguridad o al estado de la economía como a la caída cultural por la cual se resta importancia a la formación humanista, se explota el arte como industria del entretenimiento y se niega el valor de la literatura y la filosofía en la formación general de los jóvenes.
Al fin de cuentas, el sistema democrático-republicano es el mejor modo de convivir, pues se asienta en el amor al prójimo respetado como persona. Por lo cual, el desinterés por la política y la indiferencia por la democracia es, en realidad, el síntoma de una desgracia aun mayor: el desinterés y el desamor por el semejante.
Contra esa epidemia actualísima, debemos unirnos como ciudadanía y como pueblo, porque entre democracia y dictadura la diferencia tiene la infinita dimensión de nosotros mismos.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.