Despedimos el año 2025 y con él cerramos el primer cuarto del vigésimo primer siglo de la Era Cristiana.
El resultado de este cuarto de siglo tiene aspectos positivos: la ciencia aplicada a la abstracción matemática ha avanzado hasta crear robots casi humanos, la medicina consigue prolongaciones de vida y curaciones que antes eran imposibles, la producción mundial ha llegado a cifras siderales.
Sin embargo, la condición humana ha sufrido retrocesos innegables: estos 25 años han sido dominados por una feroz ola de indiferencia a la situación del prójimo. Los atentados fanáticos, la persecución a los inmigrantes, la instalación de guerras sin solución, la degradación por drogadicción y el crimen por narcotráfico vienen rebajando la condición humana.
En medio de este cuadro –rociado por constantes acusaciones de corrupción-, lejos y cerca de nuestro Uruguay se entronizan gobernantes sin escrúpulos, que dicen brutalidades, atropellan derechos y, en nombre de populismos, distorsionan y ahogan la libertad.
Frente a este cuadro, las tradiciones nacionales –anteriores incluso a constituirnos en República Oriental del Uruguay- nos imponen, a todos, el deber de reafirmar los valores humanos en que se asienta el modo nacional de fundar las instituciones en los derechos y los deberes de la persona, sentidos y vividos como principio y finalidad de la gestión del Estado, el Derecho y la vida toda.
El inicio del año 2026 nos convoca a retomar la pasión por cumplir ese deber, que no es sólo deber político ni sólo democrático-republicano, sino deber de amor al prójimo, deber de humano a humano.
Si el mundo se trivializa y se banaliza ante la multiplicación de atrocidades, nosotros, en la Banda Oriental, debemos afirmarnos -como personas y como ciudadanos del mundo- para defender los valores supremos de la libertad y la justicia.
En la lucha por esos valores, tendremos que oponer esos valores a los intentos de disolvernos como personas y tratarnos como objetos o números.
En el desarrollo de esa resistencia hallaremos la más profunda de las alegrías que nos deseamos para el año entrante y por todos los tiempos que la vida nos regale.
Serán alegrías a celebrar con sentimiento de triunfo sobre todo lo bajo y ruin que el mundo nos trae hoy como noticias.
Serán las alegrías que –en proclamas, en poesía y en música- soñaron los fundadores del sentimiento nacional antes que fuéramos independientes.
Esas son las alegrías -profundas y fraternales- que, para 2026 y por siempre, RADIO CLARÍN desea a todos los amigos que abraza en la Cuenca del Plata y en el mundo entero.