Las noticias del mundo siguen sumando dolores en todo aquel que cultive sentimientos humanitarios, tanto si los cultiva desde el Cielo a través de una fe religiosa como si los edifica desde la Tierra con objetividad antropológica.

Nadie puede ser ajeno a los horrores bélicos de Ucrania y Rusia, de Israel y Palestina y nadie puede ser indiferente a las infamias de las dictaduras que, con pretextos diversos, aprisionan a Irán, Cuba, Nicaragua, El Salvador y Venezuela, cuyo gobierno, tras el secuestro de Maduro, sigue en manos del chavismo, que en estos mismos días, con Dayci Rodríguez y Diosdado Cabello al frente, ha vuelto a demostrar que es impúdicamente intolerante y liberticida.

Los uruguayos debemos regocijarnos por no tener entre nosotros las tragedias que viven las naciones que mencionamos y muchas otras que, especialmente en Asia y África, viven por debajo de mínimos soportables.

Debemos regocijarnos, sí, pero no debemos glorificarnos ni, menos aun, dormirnos en los laureles. Ya una vez pagamos cara la soberbia mezclada con indolencia, cuando en los años 60 y 70 del siglo pasado, dimos por seguro que nuestra democracia no iba a marchitarse nunca… y un mal día la atacó la guerrilla y otro mal día la apresó la dictadura con su cortejo de atropellos.

Por eso, ante la realidad de que el mundo aparece desorientado, a los tumbos y bajo amenazas peores, no es cuestión de perder el tiempo en discutir las justificaciones que invocan los bandos ajenos. Es cuestión de afirmar los principios propios, los nuestros, los que nos dieron identidad nacional antes de que fuéramos independientes, desde la cuna misma de las Instrucciones del Año XIII.

Lo principal es no flaquear en el amor a la libertad y el fortalecimiento del sistema democrático-republicano. Lo principal es vigorizar a la persona, sin dejar que la tecnología nos convierta en zombis que consumen, porque queremos seguir siendo individuos que pensamos e irguiéndonos como nación que siente y sabe decir lo que siente.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.