La prensa internacional recoge el horror de la represión en Irán, donde, tras la revuelta nacional contra la tiranía de los Ayatolás, los crímenes del fanatismo se entremezclan con las atrocidades del pillaje y con el riesgo de ejecuciones sumarias de un régimen que se enorgullece de aplicar la pena de muerte.

Los pocos iraníes que en estos días han podido salir de su país rumbo al exilio denuncian que el gobierno teocrático usa armas de guerra y describen cómo bandas de forajidos cortan la luz, matan con ametralladoras y se llevan los cuerpos, tras lo cual exigen a las familias que se les paguen rescates extorsivos si quieren recuperar los cadáveres de sus seres queridos.

Todo eso ocurre en un contexto signado por atrocidades del más rancio oscurantismo. Interpretando la ley islámica con una crueldad que tiene ribetes repulsivos, en Irán se mata a pedradas a la mujer infiel y se manda a la cárcel a la joven que, porque se le da la gana, sale a la calle a cara descubierta, sin velo que la impersonalice.

En este cuadro Donald Trump amenaza con una intervención que podría esperarse como liberadora si no tuviéramos fresco –y doliente- que intervino en Venezuela para secuestrar al dictador Maduro pero pactó con su Vicepresidente –a la que ayer elogió-, con lo cual sacó al tirano pero está manteniendo la tiranía.

Penosamente, la política internacional de Trump -violenta y errática a la vez- siembra un tendal de incertidumbres y endebleces, porque le falta principismo, le falta orientación y en vez de valores humanos firmes, aparece inspirada por intereses económicos y ambición de poder.

Nada de lo que está ocurriendo se apega a las reglas de tolerancia, libertad de culto y libertad de pensamiento que le dieron vida y perfil a nuestro Uruguay, por lo cual nos cuesta aceptar que en pleno siglo XXI haya gobiernos tan atroces como el de Irán.

Pero ya que la realidad es esa, mirémosla de frente y, en respuesta, condenemos las infamias con todo el vigor que las infamias merecen. Y sentemos posición con voz clara y fuerte, como corresponde a la mejor tradición nacional, fundada en la conciencia de libertad, el amor por la libertad y la conciencia de libertad.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.