El sábado pasado los países mercosureños celebraron que, después de 25 años de negociación, se haya firmado, en Asunción, el postergado acuerdo económico con la Unión Europea, que, según las estimaciones, generará el mercado común más grande del planeta, pues abarca más de 700 millones
En medio de la alegría latinoamericana y las protestas de los agricultores franceses que provocó el Tratado –cuyos alcances señalamos en nuestra opinión editorial de la semana pasada-, sacudió al mundo el avance de las presiones del Presidente de EEUU, Donald Trump para obligar a los países europeos a entregarle la soberanía sobre los dos millones de quilómetros que constituyen Groenlandia.
Los groenlandeses –pocos pero soberanos- han manifestado rotundamente que no desean ser estadounidenses y quieren seguir bajo la tutela de Dinamarca, cuyo gobierno está recibiendo la solidaridad de toda la Unión Europea, que ha repudiado la propuesta en todos los tonos y ha debido enviar tropas para enfrentar una acción militar que Trump aclaró que no descarta…
Pero el señor Trump, evidenciando una vez más que no respeta límites ni tiene frenos, ha concretado un acto de violencia casi bélica, al decretar que desde el 21 de febrero se imponga un tributo de 10 % a los productos y mercaderías de Dinamarca, Francia y otros seis países europeos, castigándolos por oponerse a que Estados Unidos se apropie de Groenlandia, dejando en claro que mantendrá estos aranceles hasta que EE.UU. alcance un acuerdo para anexar a Groenlandia.
En un simple mensaje de red el Presidente Trump precisó que Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia pagarán la indicada tasa de 10% sobre sus exportaciones a EEUU sólo hasta el 1º de junio, fecha desde la cual el nuevo impuesto subirá al 25%.
El Derecho Internacional no ampara esta nueva bravuconada del señor Donald Trump. La política estadounidense del último siglo tampoco apoya la aparición de un conflicto entre los socios naturales de la civilización occidental. Todo indica que estamos ante un capricho más del señor Donald Trump, que regresó un año atrás a la Casa Blanca sin Parlamento que lo limite a la hora de generar hechos a contramano del Derecho, el sentido común y la paz que necesita la humanidad.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.