El Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente el INISA, anunció que en marzo comenzará a trabajar conjuntamente con el Ejército en una prueba piloto de nueva propuesta educativa, a cumplirse con miras a lograr el desarrollo personal y la inclusión social de los menores internados.

El Director del INISA, señor Daniel Radío, explicó en el matutino La Diaria que este plan es una de las herramientas dentro del enfoque correccional del Instituto, cuyos pilares fundamentales son “la cultura, el deporte, la educación y el trabajo”, encarados como caminos para la rehabilitación.

El primer tramo del ensayo se cumplirá entre marzo y mediados de año en la Colonia Berro; y el segundo semestre, sujeto a los permisos jurídicos correspondientes, se realizará en las instalaciones del Ejército.

La oportunidad se ofrecerá a jóvenes que no hayan cometido homicidio u otros delitos extremos. El Director del INISA precisó que la enseñanza en dependencia militares obviamente va a “excluir el manejo de armas” y subrayó “la educación y la capacitación laboral”.

El señor Radío dijo algo más, que también es obvio pero hoy es trascendental: uno de los grandes beneficios que se esperan del plan es conseguir que los internados tengan “la cabeza ocupada durante bastantes horas”.

Esta frase de quien hoy dirige al INISA le devuelve vida a un concepto que rigió la educación que recibieron los abuelos de los actuales adolescentes: para abuelos y maestros de sesenta años atrás era una necesidad primaria en la formación del niño y el adolescente para un Uruguay que tenía fe en el pensamiento y la reflexión y que repetía como un lema orientador el refrán según el cual la ociosidad es la madre de todos los vicios.

Hoy existe una industria del ocio y la distracción, que tienta y seduce para que pierdan el tiempo no sólo los adolescentes sometidos al INISA sino todos los adolescentes. De esa tentación se salvan muchos, los que tienen familia y educadores que les enseñan la interminable alegría de aprender y saber. Pero a esa tentación sucumben grandes contingentes de muchachos, cuyo destino se troncha por no haber adquirido hábitos que los personalicen, los integren y les iluminen con esperanzas.

Por eso, aplaudimos que las virtudes que se enseñan en los cuarteles se inculquen a los internados del INASA. Aplaudimos que nuestras Fuerzas Armadas se apliquen a labores de elevación y paz. Y aplaudimos que, en tiempos de desorientación, los privados de libertad no queden privados de esperanzas.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.