Finalmente, cesaron los dos directores designados por el Poder Ejecutivo en la Caja de Profesionales que votaran a favor el pago de $ 131.000 a todos los Directores, violando la ley orgánica de la Caja, que manda que los cargos sean honorarios.

Los dos representantes del gobierno, María Noel Sanguinetti y Gustavo Rodríguez Azcué, renunciaron a sus cargos por los reproches y amonestaciones que recibieron por votar para los directores –ellos mismos y sus colegas- más de tres mil dólares mensuales a detraer de una Caja que notoriamente vive extremas dificultades.

La decisión se adoptó el 15 de enero. Apenas conocida, provocó reacciones; y las protestas fueron de tal magnitud que desde los Ministerios competentes se les pidió la dimisión.

Hay que aplaudir la decisión y, sobre todo, hay que celebrar la inmediatez de la reacción.

Desde hace largo tiempo, nuestro país cayó en una lentitud de movimientos y hasta en una carencia de respuestas que desembocó en insensibilidad pública. Caímos en la aceptación de lo inaceptable y la resignación a lo irrenunciable, con lo cual disminuimos la voluntad y bajamos los brazos, en el “me entregué sin luchar” que con Mariano Mores cantó Discépolo en el inmortal tango Cafetín de Buenos Aires.

Penosamente, en la lentitud y la entrega nos cae, a todos, la tensión y la fe en el servicio a metas e ideales altos.

Contra ese chapotear bajo en que a menudo nos encharcamos, se alzó la decisión de excluir a los directores de la Caja Profesional, con la inmediatez de un relámpago,.

Es lo que corresponde frente a todos los abusos de esta dimensión, en que se usó el cargo y el poder del Estado –es decir, de todos nosotros- para votar un sueldo de privilegio –una canonjía- para los propios Directores, en una Caja que como todo el sistema previsional- recibe subsidios… con el dinero de todos nosotros juntos.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.