El régimen de los Ayatolás parece estar llegando a su fin, presionado al extremo por el gobierno estadounidense de Donald Trump.
La contundencia del Presidente Trump a la hora de exhibir su falta de tino y su carencia de frenos no debe hacernos olvidar de dónde viene y qué hace el fanatismo que gobierna al milenario pueblo persa.
Desde hace medio siglo, se instaló en Irán una tiranía teocrática –es decir, fundada en las leyes de Dios tal como las interpreta un conjunto de sacerdotes musulmanes que imponen que la mujer no se independice, no estudie, no pueda elegir pareja y no pueda exhibir su cara, que desde antes de la adolescencia debe ocultar detrás de un velo perpetuo.
Peor todavía: la mujer acusada de infidelidad es sometida a tribunales donde, con el pretexto de aplicar antiguas normas mahometanas, es rápidamente condenada a morir por lapidación, es decir, apedreada hasta el último aliento.
Ese régimen fue establecido por el Ayatola Jomeini, que había anunciado en Francia los propósitos teocráticos que lo inspiraban y que fue ungido en líder de las protestas contra el Anterior gobernante, el Sha Mohammed Reza Pahlavi, que debió exiliarse abrumado por denuncias de corrupción.
Más allá de que posea o no bombas atómicas, el actual régimen de Irán es insostenible e indefendible. Y nosotros desde el Uruguay debemos saberlo, porque, pase lo que pase, la medida de nuestras ideas y nuestros actos debe dirigirse, en todo momento, a defender la convivencia libre, a proteger a la persona mujer y a la persona hombre, y, en definitiva, a defender la libertad.
Como uruguayos, deseamos fervientemente que todos los conflictos se diriman sin guerras y sin revoluciones sangrientas; y, al mismo tiempo, puesto que hay guerras y hay violencia, cumplimos el deber de mirar de frente quién es quién y qué hizo cada quién en cada circunstancia.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.