Hace hoy cuatro años, Rusia invadía a Ucrania. Dada la diferencia de fuerzas entre los dos países, todo parecía indicar que lo que se desataba era una guerra de cuatro días. Pero se está cumpliendo ya cuatro años, Rusia ha sufrido mucho más bajas y pérdidas que lo que pudo prever; y Ucrania está destrozada, pero su gobierno y su pueblo siguen en pie, resistiéndose a aceptar que se le ampute territorio en el acuerdo de paz para firmar el cual recibe toda clase de presiones.
Ucrania llega exhausta a este cuarto aniversario de su luto diario. Su resistencia ha sido sacrificada y heroica. Correlativamente, la actuación de la Organización de las Naciones Unidas ha sido nula, deplorablemente nula.
El bochorno no es sólo para la ONU como organización. Es una vergüenza para la civilización del siglo XXI, ya que exhibe sin ningún poder la quiebra de los tratados internacionales, del sueño de Paz Perpetua que plasmó Kant, del humanismo de la Ilustración y, a la vez, la violación descarada del mandamiento de no matar.
No es la única guerra y no es la única afrenta, pero es la que más nos ofende por absurda.
Desde nuestro Uruguay, a más de 12.000 kilómetros de distancia, sabemos que poco podemos hacer y poca es la influencia geopolítica con que podemos ayudar. Pero también sabemos que en los temas del humanismo no hay nada peor que la indiferencia, el “no tengo nada que ver” y el “es asunto de ellos”… porque el humanismo bien sentido carece de fronteras.
En un mundo donde todo queda cerca, en una globalización que hizo hablar de que somos una “aldea global”, tenemos la obligación de alinearnos con las víctimas de todas las guerras.
Y tenemos la obligación de aprender, en cada batalla sangrienta, cuánto vale el respeto y el amor al prójimo, y, por tanto, cuánto vale lo que en el Uruguay estamos conservando a pesar de errores históricos y a pesar de conspiraciones delictivas.
Por eso, a cuatro años de la guerra de ucrania, debemos no sólo homenajear a los caídos de uno y otro bando y al heroísmo desplegado por Ucrania en su resistencia: además, y sobre todo, debemos reafirmar nuestra inquietud por el destino de la criatura humana y nuestro amor por la paz y la libertad.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.