El 1º de marzo de cada año es fecha del cumpleaños de cada gobierno que, por virtud de la democracia, elige la ciudadanía cada cinco años según el calendario que establece la Constitución nacional. Lo natural es pasar balances, medir resultados y encuestar apoyos, satisfacciones y disconformidades.
Pero el 1º de marzo de cada año no marca sólo el aniversario de vigencia de cada Presidente de la República. Es, además, la fecha en que cambia de titular la Presidencia de la Cámara de Representantes, que –por acuerdo que se ha respetado desde 1985- rota anualmente entre los partidos mayoritarios.
En función de ese acuerdo, el sábado 28 de febrero terminó el año en que el diputado frenteamplista Sebastián Valdomir presidió la Cámara de Representantes, la cual se reunió extraordinariamente en domingo para designar, según estaba previamente acordado, al diputado blanco Dr. Rodrigo Goñi Reyes como Presidente de dicha Cámara.
Tratándose de un acuerdo entre el partido de gobierno y la oposición, la votación pudo ser un trámite y la sesión pudo haber durado apenas 10 o 15 minutos, pero felizmente no fue así. La votación fue nominal y los diputados fundaron su voto individualmente. Coincidieron en elogiar la gestión negociadora que cumplió el diputado Valdomir y en alabar las virtudes del entrante Rodrigo Goñi. Y más allá de los elogios cruzados entre gubernistas y opositores, se deslizaron definiciones sobre el fundamento y el valor de nuestra democracia, con su apertura a las ideas y su respeto por las personas.
Acostumbrados a las síntesis breves y a los mensajes de texto, esos conceptos valorativos no aparecen en los informativos editados de la televisión ni en las crónicas parlamentarias, cada vez más reducidas, pero no merecen olvidarse, sobre todo en una época en que las democracias vienen tambaleando en el mundo entero, mientras se multiplican los horrores de las guerras y crecen las nuevas formas de las dictaduras y los totalitarismos.
Al elegir a su nuevo Presidente, la Cámara de Representantes evidenció que también en esta etapa de confusión mundial y desprestigio de las instituciones, la filosofía de la libertad y la lucha por el Derecho siguen inspirando por encima de partidos, de ideologías económicas, izquierdas y derechas.
El culto por ese modo de vivir es el gran capital que tiene la República.
Debemos defenderlo, ante los avances del materialismo crudo, el extremismo y el fanatismo que rondan a la democracia como zorro al gallinero.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.