En todo el territorio nacional se despliega la luz promisoria de los guardapolvos y los uniformes escolares que vuelven a clase. Son un himno a la vida. Dan testimonio del eterno retorno. De la casa a la escuela y de la escuela a casa, siembran esperanzas en una nación que sufre el azote de la inseguridad, pero que conserva las instituciones, garantiza la libertad y vive en paz con sus vecinos.
Al mismo tiempo, tres días después del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, entró en guerra todo Medio Oriente. El régimen de los ayatolás, sobreviviendo al asesinato selectivo de su líder, contraatacó desde el sábado, apuntando directamente al territorio israelí, a las bases militares estadounidenses y a los países del Golfo,
En el tercer día de guerra, el presidente estadounidense, Donald Trump, dijo que no dudará en enviar tropas a Irán si fuera necesario y después de todo el fuego desplegado y todas las muertes causadas, declaró que “Ni siquiera hemos empezado a golpearles con fuerza. La gran ola todavía está por llegar”, dijo Trump a CNN.
El contraste es radical y rotundo:
– en Medio Oriente, una guerra de religiones e intereses que se extiende;
– en nuestro suelo, un pueblo con pobrezas a vencer y con problemas por resolver, pero que vive en paz y en libertad
Es la antigua contraposición tolstoiana entre la guerra y la paz. Es la trágica diferencia entre tener hijos y quedarse apenas con medallas.
Todos los habitantes de la República Oriental del Uruguay debemos ser conscientes hoy de que estamos viviendo mucho mejor que muchos pueblos renombrados y poderosos, atormentados por bombardeos y dirigidos por fanáticos y criminales.
Esa diferencia –que es infinita- debe llamarnos a estremecernos con las víctimas de las guerras por encima de los bandos.
Y debe acicatearnos para vivir con conciencia lúcida y emocionada, de cuánto vale cada persona, cuánto vale la justicia y cuánto nos vale la libertad.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.