Mañana 11 de marzo, Gabriel Boric entregará la banda presidencial de la República de Chile al vencedor de las elecciones José Antonio Kast, que ganó en las urnas con gran amplitud a una candidata continuista con opaca performance.
Boric fue votado hace cuatro años como mandatario de izquierda. Kast fue electo hace cuatro meses como representante de la derecha. Se produce, pues, una nueva rotación de signo político en el territorio trasandino, que comparte con el Uruguay el honor de tener partidos que se enfrentan hasta demás, pero que respetan la Constitución a la hora de concluir sus mandatos con puntualidad constitucional.
El señor Boric entrega una economía estancada y mucho más carencias sociales que las que deseó, pero deja a Chile en paz, en libertad y con sus instituciones en orden. Hay que decirlo con todas las letras, porque ese es un honor que nuestro Uruguay comparte, en una América salpicada de tiranías y un mundo ensangrentado por guerras de religión, guerras de intereses y guerras de odios a secas.
Ayer, el saliente Gabriel Boric dialogó extensamente con el legendario animador Don Francisco –bien conocido por nuestro público, que por años lo apoyó en sus Sábados Gigantes. Don Francisco –Francisco Kreutzberg- a sus 85 años sigue siendo un símbolo de la radiotelevisión chilena; y le tocó despedir a un Presidente que asumió con 36 años y se va con 40.
En ese diálogo de dos generaciones distantes, Boric declaró con todo énfasis: “Uno cambia, por supuesto. Y a diferencia de lo se ha tratado de instalar, de ciertas personas que son críticas a mí, yo creo que el poder cambiar de opinión en función de argumentos y de diálogo, y mejorar la posición, es algo bueno, deseable. Si no hubiese cambiado nada en estos cuatro años, creo que sería un gran indicio de que fui un muy mal presidente”. Y aclaró ser “un hombre distinto al que asumió pero manteniendo “las mismas convicciones y principios (…) Eso es una esencia que nos alimenta, que es intangible, y que no cambia”.
De alguna manera, al irse, el revoltoso que llegó a Presidente entrega el mando reivindicando la reflexión, la argumentación, los fundamentos de lo que se hace. De alguna manera, el ejercicio del poder podrá ser exitoso o no, pero si es lúcido empieza y desemboca en la conciencia, en un discurrir íntimo que se amasa con y como filosofía.
Nos confirma que, en un mundo extorsionado por gobernantes irresponsables que encanallan el destino de sus pueblos, la reflexión, el pensamiento y la filosofía son la herramienta de la virtud vital de la esperanza.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.