El 31 de marzo de 1933, el Presidente de la República Dr. Gabriel Terra disolvió el Parlamento, mudó su gobierno al Cuartel de Bomberos – frente a la Plaza de los Treinta y Tres-, y dispuso apresar opositores, recluyéndolos en la Isla de Flores.

El Presidente Terra, erigido en dictador, mandó a detener al Dr. Baltasar Brum, que había sido Presidente de la República entre 1919 y 1923, siendo el más joven de nuestra historia en ocupar el cargo.

Brum se negó a entregarse a la policía. Y al atardecer de ese mismo 31 de marzo de hace hoy 93 años, acompañado por su esposa y por el Dr. Eduardo Acevedo Álvarez, salió a la puerta de su casa –Río Branco casi Colonia- y allí, para no entregarse a la policía de la naciente dictadura, se suicidó.

La quiebra institucional generó una profunda división en los partidos tradicionales. En el caso del Partido Colorado Batllismo la inmolación de Brum y su multitudinario sepelio anticiparon que la Convención del Partido iba a condenar la violación flagrante de la Constitución. En el caso del Partido Nacional, el herrerismo acompañó el golpe de Estado de Terra, mientras el nacionalismo independiente se opuso al régimen del Cuartel de bomberos y desde 1934 hasta 1954 pasó veinte años votando en lema separado.

La crudeza de la dictadura sobrevenida en 1973 hace olvidar el quiebre constitucional del 31 de marzo de 1933. Pero esos dos retrocesos –separados por 40 años pero de similar actitud fascistizante- nos dieron una lección que jamás debemos olvidar: la democracia no se garantiza por sí sola, la libertad debe cultivarse día por día, la vida republicana requiere vigilancia y no indiferencia del pueblo.

La historia demostró que siempre fue una ilusión creer que en el Uruguay habíamos construido una República con una Constitución invulnerable.

La confianza ciega en que el Uruguay tenía asegurada la libertad se hizo añicos con los golpes de Estado de 1933 y de 1973. En lugar de esa confianza ciega, nos quedó a la vista que la libertad, aun cuando parezca firme, requiere el cultivo nuestro de cada día, expresándose en amor y respeto al discrepante y en condena a la violencia de los crímenes y la violencia de las guerras.

Adentrado ya el año 2026, vivimos en un mundo que pervierte los conceptos y atropella pueblos enteros. En ese mundo, martirizado por crueldades de todo género, es imperativo reeducarnos todos para la defensa del amor, el respeto y la libertad.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.