La tregua entre Irán, Estados Unidos e Israel fue recibida con un suspiro de alivio y un aplauso mundial para el gobierno de Pakistán,-que, sin alardes y en silencio, supo hacer mucho más que las Naciones Unidas.

Una tregua es mucho cuando la matanza viene siendo mucha- Es el caso, documentado en todas las pantallas para quienes hemos asistido, con el corazón apretado, al espectáculo de incendios, destrucción, escombros y asesinato colectivo que nos deparó la cobertura en vivo de la guerra.

El espectáculo ha sido tan realista y glorioso en colores como miserable y ruin en sustancia. Como espectáculo, es un alarde técnico pero no por eso deja de ser una matanza entre semejantes intrínsecamente abominable.

Y ha habido algo peor que el asesinato masivo en que consiste toda guerra: las consignas que se han proferido a los cuatro vientos por boca del Presidente de Estados Unidos de América.

Amenazar con el infierno, decir que se llevará a un pueblo entero a la Edad de Piedra y anunciar con hora fija la muerte de una civilización entera son expresiones que nos retrotraen a lo más oscuro de los esquemas de la Edad Media.

Recibir ese lenguaje amenazador hasta lo diabólico del Presidente de la nación cuyos textos institucionales inspiraron a las Instrucciones del Año XIII es hacernos sentir, en la sangre y en los huesos, una profanación.

Esta guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán no sólo apareja destrucción, sufrimiento y subas del petróleo. Además, instala conceptos que violan todo el progreso humanitario que construyeron las naciones civilizadas a lo largo del último siglo.

Por lo cual, los uruguayos todos –sin distinción de partidos- debemos oponer reservas de conciencia, para que si en el mundo predomina el crimen colectivo y el desvarío total, en nuestro espíritu conservemos la sensatez para no dejarnos atropellar por luces ni cifras.

Y para seguir defendiendo a la criatura humana como valor y como esperanza.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.