En este fin de semana fracasaron las conversaciones de paz entre Irán y Estados Unidos.

La noticia es pésima, porque este fracaso llega cuando ya corrieron los primeros seis días de una frágil tregua pactada por dos semanas.

Los hechos de estas horas son deplorables. En el curso de las conversaciones, Donald Trump dijo: “si se llega a un acuerdo o no, me daba lo mismo”,,, “Estados Unidos ya ganó”.

Confirmado que no hubo entendimiento, en las horas en que las delegaciones se retiraban de Islamabad, Trump -que pasó largas semanas reclamando la apertura del Estrecho de Ormuz- anunció que va a cerrarlo a todas las embarcaciones: con lo cual anuncia que ha de violar, por decisión propia, el principio de libertad de circulación que invocó hasta hace unos días.

A todo esto, aumentan en Estados Unidos las voces que claman por detener la carrera belicista en que se ha internado la administración Trump.

Más aun, nada menos que John Brennan, exdirector de la CIA, afirma que, por su amenaza a una civilización entera y por el peligro que significa para muchas vidas, Donald Trump pone de manifiesto que está desequilibrado, y por lo cual se suma a las crecientes voces norteamericanas que piden que sea destituido con arreglo a la 25ª enmienda de la Constitución estadounidense.

Y nada menos que The Guardian –uno de los diarios más independientes del mundo- consigna que no sólo está en derrumbe la política exterior de la potencia del Norte, sino que están en degradación los servicios públicos y las bases democráticas que hicieron grande a los Estados Unidos.

Ante este panorama, lo principal es no contaminarse, no aceptar ciegamente los modelos externos, no contagiarnos de los extravíos ni admirar como modelo a una forma de desarrollo que se enfermó de materialismo y relativismo.

Al fin de cuentas, lo mismo para el individuo que para los pueblos, sigue convocándonos el mandato de Rudyard Kipling: conservar la cabeza cuando todos la pierden en tu derredor.

Aplicada por intuición artiguista, esa regla le dio identidad al Uruguay mucho antes de su independencia.

Y si hoy todos dialogamos con lealtad y cordura, esa regla volverá a salvarnos.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.