En Melo, un alumno golpea a la maestra con tal impulso que debe intervenir una Inspectora. En el Ministerio de Desarrollo Social –el Mides- muere sin haber sido internado un indigente acuchillado, que había sido examinado por tres sucesivas dotaciones de emergencias móviles. Y en cualquier esquina de barrio, puede aparecer un adolescente herido y hasta un bebé baleado adentro de la casa de los padres.

Con esta clase de hechos se van nutriendo los noticieros nuestros de cada día; y a fuerza de repetirse, las desgracias se nos han convertido en el modo natural de mal vivir.

A todo esto, la comunicación por redes se ha tornado agresiva y, a veces, insultante y malevolente. La libertad se usa para atacar y ofender, pero no para discutir ideas, iniciativas o soluciones. Y todo esto se nos acumula en un país que, en vez de crecer, disminuye su población, a pesar de haber recibido fuertes oleadas de inmigrantes que nos arrojaron las dictaduras de Venezuela y Cuba.

De a uno, cada dato nos parece llevadero, porque el mundo vive en angustia y en sangría inmoral, y en comparación, estamos mejor que muchos. Pero el conjunto nos indica una decadencia. Y acostumbrarnos de a poco a esa decadencia lleva a que muchos conciudadanos, sintiéndose impotentes, acepten en silencio el mar de brutalidades en que reman para vivir.

Pero del silencio y de la resignación no podemos esperar nada bueno, porque si hay algo que enseña la historia de nuestro Uruguay es que siempre que logramos triunfos fue desde la rebeldía –y no de la mansedumbre.

Por eso, los tiempos de hoy y mañana requieren el Levántate y anda que enseñan, a la vez, el cristianismo y el humanismo laico que inspira a nuestra Constitución.

Ese Levántate y anda no tiene signo ni partido político. Reclama que, sin preguntarnos a quién votamos ayer ni a quién hemos de votar mañana, sirvamos las urgencias inmediatas de un pueblo que se hizo nación desde la ética republicana de la libertad.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.