Por cinco disparos desde una moto a un auto en marcha, quedó gravemente herido el conductor de 21 años y resultó muerto el hijo, de apenas un año y medio.

Las crónicas dicen que el crimen ocurrió en Colón, populosa Villa al norte de Montevideo, pero en realidad fue un asesinato perpetrado en el corazón de los sentimientos que como personas y como ciudadanos nos unen –y deberán unirnos cada vez más si queremos salvar la vitalidad moral-de la República.

La nación oriental siente el derecho a la vida como un elemento esencial del credo patriótico. Tan es así que, el Presidente Orsi condenó la tentativa de atentar contra la vida de su colega estadounidense Donald Trump, sin fijarse en las diferencias de ideas y de actitudes que lo separan del mandatario norteamericano. El mensaje que Orsi le remitió a Trump interpreta, efectivamente, los sentimientos nacionales.

Ahora bien.

Es intolerable la contradicción entre afirmar el derecho a la vida en las relaciones internacionales y, al mismo tiempo, acostumbrarnos a recibir sin inmutarnos la noticia diaria de balaceras en que las víctimas tienen 20, 18, 15 y 9 años, y hasta –en el colmo de la infamia- ´la víctima apenas alcanzó a vivir 18 meses.

Esto no se arregla con nuevas encuestas ni reorganizando los métodos para el recuento y la estadística. Necesita mejores métodos en la policía, sustitución del actual Código del Proceso Penal y, sobre todo, un esfuerzo colectivo para el rescate del respeto, incluso en zonas marginales.

Penosamente, se habla de causas sociales pero no se habla de educación cívica, de formación moral ni de ambición espiritual.

Y mientras esos temas se mantengan en silencio, por más que tengamos gobernantes que respetan la libertad, nuestro Uruguay seguirá siendo un país que acepta en silencio la opresión de la miseria moral y el crimen organizado.

Y eso no debe aceptarlo nadie que tenga conciencia.

Así lo siente y asílo afirma Radio Clarín.