Con el nombre “Sede Montevideo”, se inauguró un centro de estudios que busca que la capital “vuelva a ser sede del progreso en Latinoamérica”.

Su directora ejecutiva, Virginia Cáceres –excandidata opositora a la Intendencia de Montevideo- declaró que es propósito de este nuevo espacio “hacer de puente” para movilizar propuestas que permitan “ cambiar Montevideo” La idea es establecer “un ámbito abierto al intercambio, orientado a generar ideas y promover proyectos para un Departamento más moderno, justo y eficiente”, que “le permita a Montevideo volver a soñar con una vocación de futuro” y volver a “ser sede del progreso en Latinoamérica”.

Según declaró Virginia Cáceres, se trata de vincular “la academia y la mirada de los técnicos” con “la vivencia de la gente en la ciudad” y con sus actores productivos, que “son los que generan el dinamismo en los distintos barrios de Montevideo”.

El propósito es altamente plausible.

Todos conocemos, y sufrimos, los problemas concretos que nos depara la capital. Circulamos por calles rotas, con basura y suciedad desparramadas, esquivando el bulto inerte de quienes dormitan sin techo la drogadicción que los destruye ante la indiferencia que genera el acostumbramiento.

La crudeza de esa realidad sin resolver ha privado a los habitantes de nuestra metrópoli del hábito de soñar: le ha cortado las alas, encerrando a la ciudadanía en una resignación sin más fines que sobrevivir.

Montevideo fue capital buscada y admirada en América y en Europa. Cultivó sus raíces culturales no sólo españolas, sino también francesas, italianas e inglesas. Fue refugio soñado por los perseguidos del mundo.

Todo eso lo logró cuando no hablaba de desarrollo sino de progreso, midiendo valores morales y no sólo números financieros.

Y todo eso podremos lograrlo y superarlo, si abrazamos nuevamente una idealidad sin fronteras partidarias ni fanatismos ideológicos, abiertos, junto a José Enrique Rodó, a “lo que vendrá”.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.