Las circunstancias internacionales, sumadas al crecimiento de la duda externa, hacen que vuelva a hablarse de la necesidad de que nuestro Uruguay sea una plaza atractiva para la inversión extranjera.
En rigor, no es nada nuevo: hace años que vivimos pendientes de las buenas notas que, desde hace décadas, recibimos de las calificadoras de riesgo que nos certifican como país con “grado inversor” positivo.
Pero aun si no es una originalidad de este momento, debe preocuparnos, y mucho, el tema de que las empresas vengan a instalarse y dar trabajo o, en cambio, se vayan y dejen un tendal de desocupados.
Debe preocuparnos, porque el índice de desocupación es alto, sigue alto, por más que hayamos cambiado de gobierno y de orientación política, por lo cual cada clausura de actividad debemos computarla como lo que es: un achique de posibilidades concretas, para la gente concreta que se gana la vida en esa actividad que cesa. Sí: el cierre de empresas extranjeras que dejan el Uruguay para instalarse en otros escenarios debe dolernos porque siembra angustia e incertidumbre.
Ahora bien. Más grave que la partida de sucesivas compañías extranjeras es la falta de iniciativa nacional para crear negocios, impulsar actividades y apoyar esfuerzos uruguayos. El miedo al riesgo, el temor al fracaso y la falta de voluntad hacen que nos dejemos estar, y determinan que produzcamos mucho menos que lo que realmente podríamos.
Revertir esa tendencia debe ser una prioridad para todos, sin distinción entre obreros y patrones y sin preferencias políticas.
Para eso, igual que en el fútbol nos hace falta recuperar el temple y la garra. Y aun más que en el fútbol, hace falta recuperar la confianza en la inspiración, que es donde más hemos retrocedido, al dejar de ser el país de convicciones y entusiasmos que supimos ser cuando la política se hacía por lucha de ideas y no por destratos personales.
Por eso, más que el grado inversor debemos cuidar el grado de formación y el ánimo de lucha de las nuevas generaciones, sin dejar que se enfermen de abulia y resignación.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.