Ya estamos al borde del Día de la Madre, celebrado como un rito anual en todos los segundos domingos de mayo,
Es fecha de almuerzos grandes, de visitas y, sobre todo, de regalos, que cada uno compra con lo que tiene en el bolsillo o lo que le queda como saldo libre en la tarjeta de crédito.
Pero la madre es mucho más que los almuerzos, las visitas y los regalos. Por lo cual el Día de la Madre, si bien se lo mira, no debe limitarse a un acontecimiento comercial que todos los años logra altos picos de ventas.
El Día de la Madre merece rescatarse para el valor auténtico de la maternidad, origen carnal y espiritual de cada persona. La madre nos engendró, en su vientre palpitó nuestra primera vida, su voz nos fue familiar mucho antes de nacer y sus arrullos y cuidados le dio forma al bebé que fuimos.
La madre fue doctora antes que hubiera médicos y la madre fue influencer antes que los inventara la actual tecnología de lo monstruoso, lo ficticio y lo falso.
La madre nos enseñó los sentimientos primarios, nos transmitió los Mandamientos desde su palabra y su ejemplo y se propuso sacarnos adelante a pesar de todo.
Esos lineamientos de la maternidad sobreviven a cada madre en particular y se transmiten por encima de las generaciones. Merecen mucho más que una jornada comercial al año. Merecen una constante meditación sobre el valor de la vida y sobre la vida de los valores.
Esa meditación es tanto más necesaria ahora, que se han diseminado formas de crianza en que la madre no cuenta con el padre de sus hijos, y arma un hogar monoparental donde carga mucho más responsabilidades que antes.
Y esa meditación vale y enseña también para los que no tienen a la madre porque se fue tempranamente del mundo visible.
El Uruguay es hoy un país insensibilizado, que habla muy poco de las cosas del espíritu.
Por eso mismo, debe rescatar el concepto, el valor y la esperanza de la maternidad, por encima de la cifras de ventas que se publique la semana que viene.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.