El Ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, confirmó que ha revisado a la baja las previsiones de desarrollo para el corriente año 2026.
El Presupuesto nacional y la planificación toda se basaron en un 2,2 % de crecimiento del Producto Bruto Interno, pero hay factores nacionales e internacionales que han obligado a prever que en este año el Uruguay expandirá su economía apenas moderadamente, acotándose a aproximadamente 1,5 %.
La diferencia no le habla al bolsillo de quien no llega a fin de mes ni conmueve el destino de un país que hace años que vive en estancamiento más o menos disimulado por proyectos de envergadura, como las plantas de celulosa o el hidrógeno verde.
En cualquier caso, la caída de las expectativas de producción y desarrollo económico debe preocuparnos como indicio de retraso futuro, pero no debe distraernos de los dramas y las tragedias que no tienen causa económica y no se arreglan con uno ni con cinco puntos más de PBI.
En estas mismas horas, cuando aun no se mitigó el dolor por el bebé de un año y medio asesinado de un balazo una semana atrás, tenemos a otro bebé, de seis meses, al que hubo que sacarle una bala del cráneo, mientras la policía investiga cómo en Solymar fue asesinada una señora joven y su esposo, también joven, en presencia de sus hijos pequeños.
El Uruguay está hoy erizado de dramas y tragedia de esa dimensión, que no se miden por porcentajes ni se resuelven con el crecimiento del Producto Bruto Interno, porque la raíz de esas desgracias y muchas otras está en el debilitamiento de la cultura, en el vaciamiento de las conciencias y en la falta de amor al prójimo y pasión por la humanidad.
En otras palabras: no es cosa de desensillar hasta que nos crezca la economía, sino de recordar que el amor y el respeto al prójimo no están condicionados a que seamos más ricos o más pobres, sino a que decidamos ser el pueblo de paz y legalidad que nos manda la Constitución, con honrosas raíces artiguistas.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.