En los cuatro meses y medio que ya han corrido de este año 2026, han proliferado las noticias amargas. En nuestro país, los robos, las rapiñas, las balas perdidas, los asesinatos a mansalva, a veces con niños y bebés entre las víctimas. En el mundo, las guerras, los desencuentros, las amenazas y las brutalidades sin nombre. Todo eso hace que hoy vivamos en una atmósfera mental contaminada por el dolor, por la angustia y hasta por la infamia.

Y es a contramano de la pesadez de esa atmósfera que salimos a batallar cada día con nuestro trabajo, nuestros afectos, nuestras debilidades y nuestras enfermedades.

Esa batalla es enorme y la libra una multitud de anónimos servidores del bien común. Sin embargo, es una batalla silenciosa, porque no aparece relatada en las crónicas ni retratada en los noticieros.

Las crueldades que nos golpean todos los días son, siempre, la obra de criminales minoritarios. En cambio, el bien que nos rodea es el fruto de una gran mayoría de gente buena, que nos sostiene con la limpidez de sus intenciones.

La acumulación de dramas y tragedias, junto con los riesgos para la libertad individual que estamos sufriendo hoy, deben inducirnos a tomar conciencia del valor moral de acentuar nuestra militancia a favor del bien.

Todas las semanas nos refriegan por la cara las cifras del Producto Bruto Interno, el ya clásico PBI, pero nadie le pone números a toda la energía que se vuelca en luchar por hacer bien lo que otros hacen mal y en mantener a flote familias que no ganan lo suficiente y empresas con balances negativos.

Hay un ejército civil que sostiene la estructura nacional sobre el cimiento de su voluntad, su dignidad y su espíritu.

Puesto que no basta la rotación de los partidos en el gobierno y tampoco basta mantener el grado inversor para que se abran industrias que nos den trabajo, todo nos indica que es en el ejército civil de buena gente que debemos encontrar caminos para unirnos, en torno a grandes iniciativas que levanten al país.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.