Un horrible femicidio, seguido por asesinato de la pareja, se perpetró contra una joven señora con actuación en la vida pública.

El asesino, un policía de solo 26 años, acabó su macabra faena, suicidándose.

Las autoridades han deplorado el hecho y han enmarcado esta nueva tragedia en el contexto, en las estructuras y en el clima de violencia que no amaina.

Todo eso es, sin duda, el marco en el que vienen repitiéndose estaos drama, sin que logren eco los reclamos de las instituciones feministas ni las condenas que brotan de los más elementales sentimientos comunes a la inmensa mayoría nacional, que cultiva el respeto y el amor al prójimo, con fe religiosa o sin ella.

En realidad, no basta con volver a repetirnos que hay que cambiar las estructuras y que hay que bajar la violencia en la sociedad.

No basta, porque lo que hay que cambiar son los contenidos de la conciencia personal. Sí, el uruguayo necesita fortalecer los valores morales y espirituales, ensanchando su horizonte para afrontar las inclemencias de los rompimientos y los dolores de las frustraciones.

No podemos extrañarnos de que arrecien los crímenes pasionales, en un país donde las esperanzas se depositan en los sueños de cambiar la sociedad, sin enseñar el fortalecimiento de la conciencia y sin vigorizar a la persona en su relación consigo misma y con su familia de afectos.

En esa materia, tenbemos un déficit mucho mayor que el de las cuentas públicas. Y deplorablemente, parece que ese déficit no lo quisiéramos mirar de frente.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.