Tras el partido con Corinthians, Peñarol quedó eliminado de la Copa Libertadores, confirmando la racha de insuficiencia en las performances internacionales de los cuadros llamados grandes
Penosamente, al terminar el partido en el estadio Campeón del Siglo, hubo incidentes, tuvo que intervenir la policía y menudearon las balas de goma y los gases lacrimógenos.
Varios hinchas quedaron lesionados: todos con lastimaduras menores, ninguno grave… Pero lo que es grave es que haya habido incidentes y hayan tenido que actuar las fuerzas del orden. Es grave, porque nos confirma la decadencia cultural que sufrimos. Y es grave porque nos mancha el prestigio de las canchas uruguayas como sedes deportivas y nos baja las buenas notas que en el mundo supimos tener como pueblo educado.
No tenemos derecho a mirar para otro lado ni a consolarnos con que estas son “cosas del fútbol”, pues bien sabemos –y debemos recordar siempre- que el fútbol es un juego, un entretenimiento y un deporte, y sólo se convierte en motivo para el insulto y la pelea por obra de pequeñas minorías de barrabravas.
La agresividad y el ataque delictivo necesitan frenos naturales, y el primero de ellos debe estar en los dirigentes de los clubes y de la propia Asociación Uruguaya de Fútbol.
Fuera de intentar ganar los partidos sabiendo que se ganan o se pierden, la misión de los dirigentes no puede ser pactar con los violentos, sino garantizar el orden y la paz.
Y la misión del Ministerio de Educación y Cultura no puede consistir sólo en registrar el papeleo de las instituciones, sino en vigilar que los uruguayos, en todos los deportes, tengamos una sola clase social: la clase de los uruguayos bien educados.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.