La partida de la selección celeste rumbo al Playa del Carmen -donde se alojará en la primera etapa del Campeonato Mundial de la Fifa- estuvo rodeada por jóvenes, por cánticos y redoblar de tambores, que retumbaron en las paredes del Aeropuerto Nacional de Carrasco.
Ni el frío detuvo a los hinchas. Los cinco grados que marcaban el termómetro no fueron impedimento para que los hinchas fueran a despedir al plantel de Uruguay que representará al país en el Mundial 2026 a disputarse en Canadá, México y Estados.
Esta vez Uruguay ensaya ir sin las grandes figuras dominantes que le dieron prestancia en los últimos mundiales. No llevamos un Luis Suárez ni un Godín ni un Cavani.
Por primera vez, Uruguay saldrá a una cancha mundial con un Director Técnico que no es uruguayo y que, por tanto, no tiene en las venas la herencia de historia y fe que nos infundieron las grandes gestas en que nuestro país forjó su identidad deportiva, venciendo a grandes selecciones del mundo.
Por mucho que eso suscite divergencias y hasta resquemores, a la hora de pensar en el debut del lunes 15 contra Arabia Saudita, sólo podemos formular votos de esperanza, depositando en la selección futbolera todas las ansias de superación que nos espolean cada vez que tropezamos en las necesidades y los dolores nuestros de cada día.
En definitiva, el fútbol se ha convertido para nuestro pueblo en un campo de entrenamiento para la tarea de levantar el ánimo y soñar, superando las realidades que nos sabotean el ánimo y venciendo los miedos y las resignaciones.
En nuestro Uruguay el fútbol es una forma popular y compartida de ascender nos al arte y a la filosofía. Y por eso, sostiene a las nuevas generaciones que ayer fueron al Aeropuerto a representar al Uruguay que en todas las generaciones soñó y consiguió destellos y luces de grandeza.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.