En el Uruguay, todos los días se nos martilla con noticias policiales dramáticas, truculentas y trágicas. La ´última iniciativa del gobierno no puede alegrar a nadie, pues las tanquetas militares están asociadas al recuerdo de la guerra interna que desembocó en la dictadura.
Por otra parte, todos los días los noticieros nos tupen con datos de la economía, entre los cuales el principal es que hemos dejado atrás la etapa en que creció nuestro Producto Bruto Interno y, en cambio, las previsiones de desarrollo se ajustan a la baja: lo cual se manifiesta en la caída de la oferta de trabajo y el achicamiento del horizonte personal y colectivo.
En este contexto, tenemos un gobierno que intenta dialogar sin inspirar orientaciones y sin poner ardor en la defensa de convicciones que levanten el ánimo público, ya fuere por concitar adhesión o por levantar polvareda polémica.
Dolorosamente, el panorama sombrío no concita en la ciudadanía una respuesta clara y firme. Al contrario: la vida política está llena de exabruptos, agravios personales, crispaciones y burlas degradantes.
Lo que realmente ocurre es que el Uruguay necesita más que planes de seguridad y combate al narcotráfico y necesita mucho más que planes económicos. El Uruguay necesita pensar, reflexionar y recuperar la enorme capacidad de filosofar con la cual supo construirse a sí mismo como nación.
De los sufrimientos actuales, no vamos a salir atacando todos a todos ni imitando a los demoledores del Estado como Milei y los violadores del Derecho como Trump.
Nuestro camino deberá ser, como siempre, la síntesis de los opuestos, congeniando con el adversario en diálogo fecundo, por el cual el territorio nacional deje de ser una cáscara vacía y la política nacional deje de ser un bombo vacío.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.