En cumplimiento de un mandato legal que ya es tradición, a las 18 horas de todos los 30 de junio se inicia la Feria Judicial Menor, que corre hasta el 15 de julio inclusive.

Durante este período, en todo el territorio nacional el Poder Judicial entra en receso, aunque el servicio continúa, en horarios reducidos, para aquellos casos en que los Jueces consideran que se patentiza urgencia..

El efecto de la Feria es que los plazos procesales se interrumpen durante 15 días y vuelven a correr con normalidad sólo después que finaliza la Feria.

El descanso es un bien en sí mismo.

Pero lo que no es un bien es el estado actual de la Justicia, que refleja fielmente las debilidades nacionales y el estado actual de nuestro sistema de Derecho.

La Constitución y las leyes que le dan sustento a la República Oriental del Uruguay no nacieron por arte de magia ni se redactan por sucesivas generaciones de pelucones para que las apliquen los jueces. No. La Constitución y las leyes existen para que todos las obedezcamos y todos las honremos, poniendo en ellas el corazón, la cabeza, la energía y la voluntad.

De algún modo, la Constitución y la ley de cada país –y el Uruguay no es la excepción- condensan el espíritu, el amor y la moral de la nación que lo habita.

Dolorosamente, en esa materia nos hemos empobrecido, cometiendo el pecado capital de bajar la guardia.

Y así tenemos un desfile de miserias humanas no sólo en los procesos penales mal tramitados por causa del actual Código del Proceso Penal. El mismo desfile se produce en los llamados Juzgados de Violencia Doméstica, donde a la penosa calidad de los temas se agrega la arbitrariedad e impersonalidad con que se cometen injusticias y hasta atropellos.

Por todo eso y mucho más, la Feria Judicial da para descansar el ir y venir de los Juzgados, pero no da –ni debe darnos- para descansar el alma, que asiste a la decadencia del Derecho que tantas veces nos enorgulleció como país y nos garantizó como personas.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.