EDITORIAL 737 martes 07.07.26
Opina Radio Clarín.
En los octavos de final de la Copa del Mundo 2026, la selección de Bélgica eliminó a Estados Unidos por 4-1.
El resultado sepultó en goleada la condenada injerencia que el Presidente Donald Trump movilizó –y la FIFA aceptó- para hacerle perdonar la tarjeta roja a su astro Folarin Balogun., que jugó como titular pero no pudo con los aguerridos belgas.
El viejo dicho rioplatense de que Dios no quiere cosas chanchas recobró toda su fuerza: el señor Trump consiguió de su amigo Infantino suprimir los efectos de la tarjeta roja, pero a las 24 horas el 4 a 1 dejó a Estados Unidos –nada menos que al anfitrión- afuera del Campeonato, tan luego con la vergüenza de haber gestionado un fraude al deporte.
El episodio será recordado como una anécdota de este Mundial deslucido… pero no es una anécdota sino una parábola, ya que afirma, recuerda y simboliza.
La maniobra fue descarada y sucia hasta el límite del cinismo, pero –como en los buenos cuentos infantiles- el Bien triunfó sobre el mal, y la ilícita inserción de Balogun no sirvió más que para certificar que Estados Unidos, país con nueve millones 800.000 kilómetros cuadrados y más de 300 millones de habitantes, no pudo con Bélgica, que tiene sólo 30.688 kilómetros cuadrados y totaliza menos de 12 millones de habitantes.
Esa victoria de Bélgica afirma y recuerda la capacidad de hazaña de los países que parecen chicos –la misma capacidad de hazaña que el Uruguay evidenció en cuatro campeonatos mundiales.
Lo cual enseña mucho y simboliza mucho más, al producirse en el curso del año 2026, cuando Estados Unidos tiene al frente a un gobernante que se siente el emperador del mundo y cuando los poderes de los más fuertes se creen invencibles.
Del episodio nos queda una gran lección, que debe acompañarnos siempre: después de los disparates y después de los atropellos, vuelve a quedar espacio para que la vida coloque las cosas en su lugar… porque la vida es mucho más que lo que puedan creer los megalómanos que de vez en cuando construyen poder.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.