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Hoy se jugará el partido de Peñarol contra Rosario Central, en el estadio Campeón del Siglo.

          Como se sabe, en el partido que Rosario Central ganó 1-0 –que se jugó en el llamado Gigante de Arroyito de la ciudad de Rosario-, se produjeron incidentes de tal gravedad que llevaron a que hasta último momento Peñarol se negase a admitir la presencia de hinchas argentinos, sosteniendo que no debía vendérseles entradas.

          Presionados por Conmebol, fueron amenazados con la multa prevista en el reglamento, además, con la pérdida de la condición de loocatario. Forzado, Peñarol aceptó recibir a los hinchas de Rosario Central y le otorgó un cupo de 2.000 entradas en su estadio, construido para 40.000 personas, mientras el Ministerio del Interior anuncia un despliegue de 1.100 policías: es decir, más de un policía cada dos hinchas del cuadro rosarino.        

          Las circunstancias del partido trascienden lo deportivo.

          Rosario Central llega con una aureola de matonismo, que no es de ahora. Desde hace cerca de un siglo los hinchas de Rosario Central llaman “leprosos” a sus adversarios de Newell’s Old Boys; y correlativamente, los hinchas de Newell’s llaman “canallas” a los seguidores de Rosario Central.

          A ese destrato –que no fue sólo verbal y que muchas veces tiñó de sangre al fútbol rosarino- se agrega que la convivencia en la  ciudad de Rosario de Santa Fe se encuentra trastrocada por el crecimiento del narcotráfico. Y el fútbol no es ajeno a esa lacra, que exacerba los ánimos, acostumbra a la agresión, se tutea con el crimen y embadurna la vida en común de todas las ciudades que azota.

          Por estas razones, más allá de los votos para que en la noche de hoy haya paz entre las hinchadas y se viva la alegría de ver fútbol, debemos reflexionar en qué contextos se mueve el balompié, que nació como deporte democratizador y fraternal, pero hoy sufre las mismas desgracias que el resto de las actividades porque en casi todas ellas se ha reemplazado la idealidad con el mero funcionalismo de corto plazo.

          Peñarol y Rosario Central surgieron de la misma matriz de expansión ferroviaria que marcó la era victoriana en Gran Bretaña.. Rosario Central nació con apellido inglés en 1889 y Peñarol nació, también con apellido inglés, en 1891. Más de una vez se ha dicho que son casi gemelos.

          Por esa razón, y por valores de convivencia que importan por encima de las camisetas deportivas y de las confrontaciones políticas, hacemos votos para que el partido de hoy marque una inflexión afirmativa de la hermandad entre rivales.

          Una hermandad que el Río de la Plata y el mundo deben valorar más que nunca, a la vista de todos los horrores a que llevan los odios individuales y colectivos que hoy ensangrientan a nuestras comarcas y al mundo entero.

          Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.         

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