El 18 de Julio de 1830, hace hoy 196 años, el pueblo de la Banda Oriental juraba la Constitución Nacional.
La ceremonia se inició en la mañana con un acto religioso de Acción de Gracias en la Catedral Metropolitana de Montevideo. Posteriormente juraron la Constitución los integrantes de la Asamblea General Constituyente, el Gobernador Provisorio Gral. Juan A. Lavalleja y los Jefes Superiores del Ejército y de la Administración Pública.
En la tarde, en lo que entonces se llamaba Plaza Mayor, frente al edificio del Cabildo de Montevideo, cada integrante de las unidades del Ejército, con sus uniformes coloridos, juró la Constitución e inmediatamente se invitó a subir al estrado al pueblo presente, para prestar su juramento de fidelidad ante el Alcalde Ordinario de Montevideo.
Aquella Constitución recogía los desvelos de muchos que no estaban, encabezados por Artigas, que en julio de 1830 estaba por cumplir los primeros 10 años de su destierro en Paraguay.
El texto de nuestra primera Constitución se cimentaba en la enseñanza democrática de los fundadores de los Estados Unidos en 1776 y, sobre todo, en la enseñanza francesa e inglesa sobre el valor de la persona y el respeto recíproco a la libertad.
Esa enseñanza se insertó en la tradición española que nos venía del Fuero Juzgo y, sobre todo del Fuero de Aragón. Y fue así como hace 196 años nació nuestra primera Constitución, que no fue escrita para mantener la Banda Oriental que ERA sino sobre la República Oriental del Uruguay que DEBÍA SER.
Violada por las dictaduras, ensangrentado el proyecto de paz por las revoluciones, el texto de la Constitución de 1830 duró intacto casi 90 años. Fue reformado recién en 1919 y sus principales definiciones duran hasta hoy.
Por eso, el 18 de Julio de cada año no puede ser un feriado más del calendario. Por eso, y porque si se habla de la Constitución, se habla del cuerpo normativo cuya vigencia debemos efectivizar cada día.
En definitiva, la Constitución no está para que se condene tarde y mal a los asesinos, sino para que no haya asesinatos. Y la Constitución no manda que tengamos bolsones de pobreza sino que sepamos combatir las carencias a punta de trabajo y sabiduría.
Por todo eso, debemos no sólo homenajear a los protagonistas del primer juramento de la primera Constitución. Además, debemos hacer realidad el país feliz y justiciero que diseña la Constitución actual, uniéndonos en lucidez y firmeza para levantar al país en un contexto desorientado y amenazante.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.