España se llevó la Copa con el mérito de haber sido mucho mejor que la Argentina. Por lo cual, al final del Campeonato Mundial 2026, ganó el fútbol, como bien tituló esta mañana el diario El País.

A los uruguayos, nos queda todavía el sabor amargo de la derrota en primera vuelta, pero el cálculo lógico-matemático puede darnos el consuelo de que nuestra selección se despidió con una sola derrota, por el score mínimo de 1 a 0 nada menos que frente a un equipo de España que iba a consagrarse campeón del mundo.

Pero en el Uruguay de hoy, ni el fútbol ni el país merecen que sigamos buscando consuelos cómodos ni disimulando caídas ni parchando heridas con memes inconducentes.

Todos sabemos que el fracaso de la selección en este Mundial fue el reflejo previsible de un retroceso general. Y todos comprobamos que ese retroceso no empezó hace 16 meses con el actual gobierno, ni hace seis años con el gobierno anterior.

La caída nacional empezó cuando los partidos políticos se vaciaron de ideales y cuando a la ciudadanía se le inculcó mucho más interés por el desarrollo económico que por la vida y la lucha íntima de cada persona.

El resultado es que en economía y finanzas estamos apretados, como razonablemente señala el Ministro del ramo, pero en civilización y cultura estamos decadentes: eso lo sabemos todos, no lo miramos de frente para revertirlo.

Lo escondemos en un subconsciente colectivo, que hace todo lo posible por no darse por enterado de que el Uruguay tiene problemas de filosofía de vida; y esos problemas –de sentimientos, de relaciones, de amor al prójimo- son mucho mayores que los temas económicos con que nos machacamos a diario.

Terminado el Mundial, tenemos el deber de colocar el balance futbolero en la planilla Excel de la caída cultural global que estamos sufriendo en nuestro Uruguay _que es lo que está bajo nuestra responsabilidad como ciudadanos- y en la región –cuyas falencias deberán enfrentar los pueblos hermanos, azotados por dolores similares.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.