Está sobre el tapete si está bien o está mal que el gobierno se proponga entregar las ayudas sociales en dinero efectivo, sin pedir una contraprestación y hasta sin controlar que los niños beneficiarios vayan a la escuela o no y hasta sin controlar si fueron vacunados o no.

El Ministro de Economía, Gabriel Oddone Pais, manejó públicamente dos argumentos a favor de darle dinero a los padres sin determinar si cumplen o no sus obligaciones con los hijos. Dijo que “la evidencia” muestra que pedir contraprestaciones no cambia nada, y que averiguar en qué gasta su dinero la gente sería “un reflejo paternalista y de clase”.

Ninguno de los dos argumentos se tiene en pie. Así lo demostró, con facundia, la columna firmada que el pasado domingo publicó el Dr. Martín Aguirre Regules, en su condición de Director del diario El País. Señala con toda razón que “en las ciencias sociales, la “evidencia” nunca es tan definitiva, y todo depende del corte que se haga para el análisis”, El Dr. Aguirre escribe que “Puede ser que haya evidencia de que las contrapartidas no hagan que los padres manden más a los hijos a la escuela” pero enseguida se pregunta si “está estudiado el impacto cultural a largo plazo, en la sociedad que regala plata a cambio de nada”… y esa pregunta se contesta sola, sin necesidad de ser especialista en nada.

Dolorosamente, basta enterarnos de que el Uruguay ha venido formando bolsones de ignorancia por ineducación y basta saber que hay padres y madres que incumplen sus deberes más elementales, para afirmar que el Estado debe controlar y debe exigir, no por sentimientos de clase sino porque un Uruguay robusto y con futuro sólo va a surgir sin construimos una sola clase social: la clase de los uruguayos bien educados.

Para construir ese Uruguay hace falta no dejarnos atropellar por la dictadura mental de los datos crudos y hace falta abandonar la resignación a las estadísticas y las encuestas y sobre lo que hasta ahora simplemente ES. Y hace falta recuperar la lucidez y la fuerza de voluntad para buscar, desde la ciudadanía movilizada como opinión pública, LA PASIÓN POR LO QUE DEBE SER.

La misión de los gobiernos y la tarea de la ciudadanía –y también del periodismo, en primera fila- no es bajar los brazos frente a los datos crudos, sino usarlos como resortes para reformar la realidad y para inspirarse en servicio a la idealidad. En el Uruguay, la mejor tradición ha sido esa. Y si algo nos hace falta, es recuperarla.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.