En el primer semestre de 2026, en nuestro Uruguay se perpetraron 195 homicidios. Ello representa un aumento del 6,6% respecto a los 183 casos reportados en el mismo período de 2025.

Los datos nos dicen que tres de cada cuatro asesinatos fueron cometidos con armas de fuego. También nos indican que cerca del 70% de los asesinatos cometidos en zonas críticas, estuvieron vinculados al narcotráfico.

El informe difundido en estas horas acumula mucho más cifras, pero dice algo mucho más importante que los números: confirma hasta el límite mayor de lo soportable la alarma colectiva por la inseguridad.

Pues bien: la criminalidad hoy asentada no necesita más encuestas para medirla. En cambio, reclama a gritos un gran acuerdo nacional para restablecer el imperio de la ley sobre el delito.

Y reclama a gritos una batalla frontal por la educación y la reeducación, que vuelva a poner en valor la vida y el respeto al prójimo.

En las últimas décadas, el interés económico se ha puesto por encima de los valores humanos. Se admira al dinero acumulado y no se admira el esfuerzo ni el sacrifico. Se pone como modelos a los multibillonarios del hemisferio norte, olvidando los valores morales de la gente simple y sencila, que cumple su deber atorada de problemas y cundida por los vencimientos.

Esa ruta crudamente materialista es recorrida en términos parecidos por ideologías de izquierda y de derecha. Y es ante todas las ideologías que nosotros, los uruguayos, debemos rescatar la condición humana y el valor de la persona, que está en la base de nuestra Constitución y nuestro modo de vivir.

. El asunto ya no es político partidario: ni el Ministerio de Bonomi, ni el Ministerio de Larrañaga, ni el Ministerio de Heber, ni ahora el ministerio de Negro han cambiado el panorama. Tampoco lo han cambiado la sucesión de jefaturas y programas policiales.

El tema de la hora no puede ser, entonces, cómo voltear o cómo defender al Ministro de turno.

El asunto es cómo construir un Uruguay libre del flagelo que lo azota y lo angustia.

El asunto es cómo educar y reeducar, para, después de estas tinieblas, restablecer las esperanzas de aurora con que deberemos reconstruir la convivencia nacional.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.