El Uruguay no puede ni debe mirar desde lejos, ni con indiferencia, la flagrante intromisión que cometió el Presidente argentino Javier Milei en la campaña electoral brasileña.

Viajó al Brasil sólo para participar en la proclamación de Flavio Bolsonaro, el candidato opositor a Lula Da Silva que sustituye a su padre, Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de prisión en régimen de arresto domiciliario por intentar un golpe de Estado tras haber perdido la elección de 2022.

Hablando ante una Convención enfervorizada reunida en San Pablo, Javier Milei insultó sin miramientos al actual Presidente brasileño, tratándolo de “ladrón” y reprochándole haber sido “presidiario”. Descalificó al socialismo como “basura”. Maltrató al juez que le impidió visitar personalmente a Bolsonaro padre. Y roció su planteo –de por sí incendiario- con las palabrotas que le son habituales, salpicadas por las obsesiones intestinales que acostumbra a exhibir en su oratoria.

Nada de eso puede sorprender del señor Milei, que ya montó una escena similar en España, violando todas las normas del buen trato internacional y todas las reglas del buen gusto.

El Brasil ahora –igual que antes España- reaccionó retirando temporalmente de Buenos Aires a su Embajador y protestando severamente en defensa de su soberanía. Es natural, y es lo que podía esperarse.

El Uruguay no debe permanecer indiferente ante la intromisión del mandatario de su hermano y socio del Oeste en la vida institucional y política de su hermano y socio del Norte. Para nosotros como pueblo y como Estado, la injerencia extranjera en comicios nacionales sólo puede producir repudio.

Y no debemos guardarnos ese repudio para tragarlo callados. Debemos expresarlo en toda su intensidad, condenando el fanatismo ideológico y el colonialismo mental, en defensa de la libertad de las personas y la soberanía de cada nación.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.