En la semana pasada secumplió la Tercera edición de las Jornadas de Contrabajo, con la participación de una decena de grandes intérpretes del instrumento mayor de las cuerdas. El acontecimiento artístico se desarrolló en los auditorios de la Facultad de Artes y del Museo de Arte Precolombino e Indígena. Fue un éxito artístico y de público, pero no fue noticia.
Ocurre que en el Uruguay la música pura no es noticia, porque le pasa por delante la música impuesta por la industria del enteainment. Pero también ocurre que la vocación cultural y el entusiasmo por sentir, saber y crear subsisten en muchos cuyos nombres no salen a la palestra pero viven y luchan en la enorme siembra de grandeza que es la educación: la educación, pública o privada, formal o informal, masiva o de pequeños círculos.
Los desarrollos teóricos y las obras estrenadas fueron muestras cabales de que la música nacional vive, y evoluciona, en un proceso de absorción de los empujes que nos llegan desde afuera y de conjunción con la herencia que nos palpita por dentro. En ese proceso dialéctico edificamos la identidad musical de nuestro Uruguay, lo mismo en la música sinfónica y de cámara que en la música popular, surgiendo autores, intérpretes y docentes de la talla de Carlos Weiske y Popo Romano, que actuaron personalmente en las Jornadas de Contrabajo, con el acompañamiento de Mariana Airaudo, pianista internacional que se luce en todos los géneros pero jamás abandona a nuestro tango.
Los uruguayos vivimos bajo el asedio de datos políticos grises, pronósticos económicos amenazantes y noticias policiales macabras. Un velo de indiferencia recubre el tegumento del alma colectiva, y a todo vamos adaptándonos. De a uno y todos juntos, conjugamos hoy el “Me entregué sin luchar” que recogió Discépolo en su inmortal “Cafetín de Buenos Aires”…
Pero no todo es amenaza, no todo es macabro y no todo es resignación y entrega, porque en las mismos calles donde algunos cruzan de la estrechez a la plata fácil y a los delitos infames, hay muchos que se yerguen por encima de la pobreza, los dolores y las luchas, abriendo avenidas de sentimiento, alegría y esperanza.
A quienes cumplen esa función desde la música, les debemos mucho más que apoyo y aplauso. Les debemos gratitud porque nos ensanchan e iluminan el horizonte de lo que vendrá.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.