El jefe del servicio de Neurocirugía Pediátrica del Hospital Pereira Rossell, Dr. Gonzalo Costa y varios de sus colaboradores renunciaron a sus cargos y a sus guardias.

Dimitieron denunciando que se suspenden operaciones por falta de insumos imprescindibles, y que por esa vía se llega al borde de la omisión de asistencia.

Las autoridades del Hospital negaron la gravedad de la situación y anunciaron una reorganización de turnos para asegurar la continuidad del servicio, como manda la ley e impone el sentido común.

Hay que aplaudir la sensibilidad de los profesionales que no aceptan trabajar en cualquier situación y rechazan operar cerebros de niños sin el instrumental exigible. Es bueno para el país que haya profesionales con los valores en orden. Y también es bueno que haya directores que se esfuercen por mantener el servicio a pesar de las carencias, porque eso también significa tener los valores en orden.

Lo que no es bueno es que en el Uruguay se nos repitan las renuncias por insuficiencia de los instrumentos que provee el Estado.

No es bueno, ni es aceptable por la simple razón de que los derechos básicos, como la salud de los niños, no pueden depender de los vaivenes de las finanzas ni de la voluntad de los que reparten los recursos.

Por estas razones y muchas más, la renuncia de los neurocirujanos del Pereira Rossell no debe pasar inadvertida y, por el contrario, debe ser valorada como un fuerte llamado de atención sobre los valores en juego en nuestro actual modo de vivir.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.