El Dr. Hoenir Sarthou –muy distinguido abogado que semanalmente vuelca su pensamiento en el semanario Voces- relata, en su columna de esta semana, una peripecia profesional NO debe pasar inadvertida porque desborda los límites de lo personal y deja una dura enseñanza.
Ocurrió que una ex docente, lúcida, tuvo un percance grave de salud y, estando sola e inconsciente, con intervención del MIDES fue a parar a una casa de salud de Piedras Blancas sin su consentimiento. Y en la casa de salud le iniciaron proceso para declararla incapaz.
Careciendo de celular, quedó sin contactos. Aun así, logró comunicarse con el Dr. Sarthou, quien –según relata- la visitó, hizo las averiguaciones del caso, y se topó con que en el expediente por incapacidad estaba dispuesto que la examinara el Instituto Técnico Forense el 17 de agosto a las 14.30.
En consecuencia, el Dr. Sarthou se presentó el lunes pasado a las 13 horas en el residencial para llevarla a la pericia. El dueño de la casa de salud, se negó a dejarla salir, sin mostrar documento alguno, invocando que la señora “estaba judicializada”. Y por más que el abogado esgrimió razones, no logró vencer la negativa, por lo cual se fue corriendo a la Seccional 17.
Llegó a las 13.20. En la sala de espera había dos hombres y una mujer que le dijeron que no los habían atendido. Al cabo de diez minutos, el Dr. Sarthou relata que se dirigió a un pasillo donde había polícías conversando y uno de ellos le salió al paso y le dijo: “estamos en el cambio de turno, ya lo vamos a atender”. Por lo cual volvió a sentarse a esperar.
Llegaron las 13.50, los policías seguían conversando y le repitieron que estaban en cambio de turno, sin que nadie atendiera la urgencia en llegar al Instituto Técnico Forense, por lo cual el abogado terminó yendo solo a tratar de conseguir otra fecha para la pericia por incapacidad a su clienta, visiblemente capaz, encerrada a prepotencia en una casa de salud.
El relato es una verdadera parábola, que muestra la decadencia del modo de tratar a los ancianos y la flojedad de los servicios de custodia legal, que en el Uruguay de hoy se cumplen a desgano, sin pensar en el prójimo. Como bien escribe el Dr. Sarthou: “Lo insólito es que en el asunto han intervenido, o tuvieron oportunidad de intervenir, una institución médica, el Mides, el ITF, la policía y un juez, pero la persona sigue donde no quiere estar, privada de cédula de identidad, de su jubilación, de comida suficiente, de acceso a su casa, de control sobre su cuerpo, de libertad ambulatoria y de comunicación telefónica”,
Desgracias personales de este calibre necesitan reflexión, cooridnación y decisión de devolverle al Estado sensibilidad… porque sin sensibilidad, no hay Estado de Derecho que ponga las cosas en su lugar.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.