El 11 de setiembre de 2001 fue atacado por aviones, y quedó destruido, el World Trade Center de Nueva York.
Columnas de humo densas y trágicas se elevaron desde las Torres Gemelas, diciéndole al mundo que Estados Unidos había dejado de ser un territorio inexpugnable.
Aquel martes un grupo de atacantes suicidas secuestraron aviones comerciales y los estrellaron contra las Torres Gemelas en Nueva York y contra el Pentágono en Washington, causando la muerte a miles de personas y provocando cambios profundos en la seguridad de los Estados y en los miedos de los pueblos.
Cuatro aviones que sobrevolaban el Este de Estados Unidos fueron secuestrados simultáneamente por pequeños grupos de atacantes, que los utilizaron como si fueran misiles y los estrellaron contra edificios que eran emblemáticos en Nueva York y en Washington.
Los edificios se incendiaron, dejando atrapadas a los que trabajaban en los pisos superiores y cubriendo la ciudad de humo.
En menos de dos horas, los 110 pisos de las Torres Gemelas colapsaron y se convirtieron en peñascos y polvo, mientras un tercer avión destruyó la fachada del Pentágono -la gigantesca sede del ejército estadounidense situada en las afueras de Washington- y un cuarto avión se estrelló en un campo de Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.
En los atentados murió un total de 2.977 personas, además de los 19 secuestradores inmolados por el fanatismo de Al Qaeda, que planeó los ataques desde Afganistán, conducida por Osama Bin Laden,
Ninguna palabra y ninguna revisión devolverá la vida a los casi 3.000 muertos ni restituirá la salud a los mutilados. El horror consumado no tiene retroceso.
Eso sí: en naciones como la nuestra todos debemos asumir la tarea de evitar que el odio, la indiferencia y la crueldad generen infamias nuevas que, en nuestra escala, son tan vituperables como la que conmovió al mundo hace un cuarto de siglo.
Al fin de cuentas, el amor al prójimo y la libertad son valores que debemos defender en todos los instantes de nuestra vida.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.