Se cumplen hoy el centésimo septuagésimo sexto aniversario del tránsito a la inmortalidad del General don José Gervasio Artigas.
Murió en el Paraguay tras 30 años de exilio, el 23 de setiembre de 1859, pero en los nueve años corridos entre 1811 y 1820 había dejado una huella imperecedera en el alma de su pueblo.
Artigas fue militar, fue caudillo, fue gobernante… Como triunfador supo ser magnánimo, ordenando Clemencia para los vencidos en la Batalla de Las Piedras. Como derrotado se conservó magnánimo, y por eso aceptó el sacrificio inmenso de su destierro para no rendirse al invasor portugués y dejar la causa de la independencia al esfuerzo de sus lugartenientes.
Pero sobre todo Artigas fue un pensador político e institucional, capaz de encender en la Banda Oriental y las provincias ribereñas del Río Uruguay y el Río Paraná, una pasión inextinguible por los principios republicanos y democráticos y por la libertad.
A 176 años de su muerte, la inspiración de Artigas debe iluminar no sólo a los gobernantes y a los opositores con militancia en la grilla política. El Uruguay es hoy uno de los muchos países que deben buscar un destino civilizado entre los intereses ajenos que los presionan como mercados y no los apoyan como personas de trabajo que quieren ser gente de bien. Y no sólo eso.
Además, tenemos que encontrar rumbo para derrotar el narcotráfico y revertir la decadencia cultural que implica el submundo miserable de la drogadicción y tenemos que defender nuestro ideal de paz en medio de las monstruosidades que ensangrientan el mundo de hoy.
Esas batallas no son para que las libre un hombre solo ni un partido solo. Son batallas de pueblo, de nación, de todos.
Por eso, a la hora de sentir la esencia humana del ideario constitucional uruguayo para enfrentar y vencer las desgracias que nos afligen y nos rodean, volvemos a sentir que las Instrucciones que nos impartió Artigas en 1813 siguen siendo un faro de luz en medio de las confusiones, los delitos y las tinieblas que nos rodean.
Artigas reclamó que en nuestro suelo se promoviera “la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable”, que “el objeto y fin del Gobierno debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los ciudadanos y de los Pueblos” y que el Estado se dividiera en “poder legislativo, poder ejecutivo y poder judicial”, cuyos “tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí, y serán independientes en sus facultades”.
Hoy y siempre, el Uruguay saldrá adelante en la medida que sienta estos principios como mandamientos de vida, en bien de todos, por encima de partidos e ideologías.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.