Un grupo de efectivos del Departamento de Homicidios encontró en la mañana de este jueves a un hombre encadenado, dentro de una boca de venta de drogas en el barrio Peñarol.
Los agentes llegaron a la casa para buscar a un requerido por presunta vinculación con un asesinato; y cuando ingresaron por la fuerza a la vivienda, se encontraron con el hombre que, según les dijo, llevaba tres días retenido y encadenado, sin que se le permitiera dormir, comer y ni siquiera ir al baño.
Según su versión, los ocupantes de la finca lo obligaban a atender el punto de venta de drogas, como forma de pagar deudas que tenía por estupefacientes.
El hombre fue rescatado y recibió atención médica. En la vivienda, los efectivos incautaron una piedra de pasta base, un arma de fuego y municiones. Para la policía, seguramente el caso quedó cerrado, pero para la sensibilidad pública merece y necesita quedar abierto porque constituye una muestra patética de las infamias con que se maneja el submundo de las drogas.
El segundo inciso del artículo 52 de la Constitución establece: «Nadie podrá ser privado de su libertad por deudas», garantizando que el incumplimiento de obligaciones por alquileres o créditos con bancos, financieras o cooperativas se tramite estrictamente bajo el ámbito civil y nunca penal, ya que en el Uruguay no hay prisión por deudas.
Trágicamente, la aparición en el barrio de Peñarol de un hombre encadenado, hambreado y obligado a vender drogas, nos pone a la vista que en los tugurios donde se comercia pasta base, no sólo se vende veneno: además, se aplica prisión por deudas, con encadenamiento y reducción a la esclavitud.
El descubrimiento de semejante infamia debe obligarnos a romper el silencio y a salir de la comodidad con que, desgraciadamente, nuestro pueblo se ha ido acostumbrando a recibir esta clase de noticias.
En definitiva, para no acostumbrarnos al proxenetismo de las drogas, lo primero es mirarlo de frente y condenarlo como la perversión que es.
Al fin de cuentas, no se puede reclamar a la policía que nos defienda sola frente a organizaciones perversas, si no empezamos por repudiarlas con la franqueza y la valentía que nos exige la lucha por el Derecho.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.