El ensamble de la Escuela de Música Vicente Ascone dio anoche un concierto con el cual colmó de público la Sala Verdi y –lo que es aun más importante- se constituyó en una confirmación más de que el Uruguay puede y debe resurgir desde el arte y el pensamiento, en vez de seguir depositando la fe únicamente en la economía y la puja política.
El programa ejecutado se tituló “de Vivaldi a Rada”, porque unió la limpidez sacerdotal del genio barroco de Antonio Vivaldi con el sonido de pueblo, calle y murga de nuestro Rubén Rada, imprimiéndole vibraciones de redoblante montevideano al Himno a la Alegría de Beeethoven y poniendo en valor sinfónico temas de La Vela Puerca, Eduardo Mateo y del propio Rada.
La orquesta estuvo compuesta por más de una treintena de jóvenes que transitan las primeras etapas de su aprendizaje. La dirección estuvo a cargo de Carlos Weiske, maestro mayor de música, contrabajista consagrado, director de cámara y sinfónico, compositor inspirado, que en su trayectoria conoció desde los escenarios populares de tango, milonga y candombe hasta los proscenios más refinados de la música culta.
En todos los órdenes, el Uruguay necesita planteamientos que armonicen la espontaneidad de la música del pueblo con los rigores formales de la música clásica, retomando las líneas del nacionalismo musical que en Europa generó música universal y en nuestro país inspiró los poemas sinfónicos de nuestro inolvidable Eduardo Fabini.
Por todo eso, la sala Verdi repleta apoyando la unión de lo que es nuestro singular con lo que tenemos de universal, fue mucho más que un concierto de músicos en etapa experimental: fue la confirmación de que en el Uruguay sigue palpitando el arte.
Y fue también la confirmación de que las generaciones mayores son seguidas por gente joven que es capaz de enamorarse de los ideales de armonía y belleza que necesita la identidad nacional, para volver a erguirse por encima de dolores, homicidios y estrecheces de la economía.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.