Hoy, 27 de octubre, es el Día Nacional del Bombero. Merece meditación y homenaje. Los soldados del fuego constituyen un Cuerpo de servidores públicos que día y noche se mantiene alerta, sin descanso, sin feriados y sin pausa.
El Cuerpo de Bomberos es un ejemplo histórico de entrega entera a un deber incondicionado: incondicionado frente al fuego, frente al peligro y hasta frente a la muerte.
A principios del Siglo XIX, Montevideo era un puerto comercial sin protección alguna. En 1841, después de varios incendios, el puerto adquiere dos bombas de mano con las que atendía los barcos y la ciudad. Cuando había un incendio de día, daban la alarma general lanzando tres cohetes e izando una bandera blanca; y si era de noche encendían un farol rojo, visible desde lejos. Y como un gran progreso, en 1859, al aprendizaje industrial que se impartía en la Cárcel de Montevideo, se le agregó una sección de zapadores de bomberos.
El 27 de octubre de 1887, hace hoy 139 años, se promulga la Ley de creación del Cuerpo de Bomberos de Montevideo; y en el mismo año una campaña popular recauda fondos que permiten comprar una bomba a vapor, mangueras de cuero y un carro para transportar el material.
Ese Montevideo progresaba por impulsos del gobierno y con apoyo de la gente. El Uruguay se entrenaba en la vida práctica, ensayando los ideales que iba a abrazar como República a partir de la Constitución de 1918.
Por todo eso y mucho más, el Cuerpo de Bomberos es, en nuestra Banda Oriental del Uruguay, una de las instituciones con más arraigo, con más cariño y con más gratitud.
Su edificio –inaugurado el 18 de Julio de 1930- es un ícono arquitectónico de nuestra capital.
Y sus servidores ofrecen un ejemplo de entrega y de conducta. Ese ejemplo resulta especialmente valioso en una época en que la desorientación se nos junta con la indecisión y la pereza.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.