Hoy, primer martes de noviembre, el pueblo de Estados Unidos de América irá a votar para renovar la mitad del Parlamento.
Cumplirá así los comicios de medio término.
Tales elecciones, a mitad de cada mandato, son tradicionales en la nación norteamericana y el día en que se realizan cada cuatro años es llamado Supermartes.
Pero este Supermartes de 2026 es superdiferente, porque, como nunca, está en juego la aprobación o el rechazo a políticas aplicadas por un Presidente sin frenos, el señor Donald Trump, que tiene en vilo a su país y al mundo, por lo cual el resultado de la votación le importa literalmente a todo el mundo.
Trump ha cometido toda clase de arbitrariedades dentro de su país, con daño directo a familias de inmigrantes. Además, ha emprendido guerras injustificables, que han provocado la destrucción y la muerte que generan todas las guerras, pero, por si esto fuese poco, han distorsionado la circulación mundial de la energía con base en el petróleo, ahogando la economía de muchas naciones, entre ellas la nuestra.
La primera mitad del gobierno de Trump ha quedado sembrada por interrogantes, agravios y crispaciones, y es sobre eso que deberá pronunciarse el electorado norteamericano.
Por esa razón, hoy -a diferencia de otros martes de votación estadounidense- no podemos limitarnos a aplaudir la regularidad institucional de la nación que, junto con Francia, inspiró el ideario republicano que Artigas plasmó en las Instrucciones del Año XIII.
Hoy en vez del aplauso por votar, debemos esperar, augurar y hasta reclamar a voz en cuello que el electorado estadounidense elija diputados y senadores capaces de ponerle freno al Presidente Trump, que ejerce el poder sin frenos ni en lo que dice ni en lo que hace.
La situación del mundo, de la región y de nuestro propio país nos llama a afirmar los principios de la democracia, sin esperar tutores ni modelos de afuera.
En definitiva, sigue teniendo vigencia lo que nuestro Gral. Artigas le escribió al Gral. Martín Miguel de Güemes el 5 de febrero de 1816: “Nada podemos esperar sino de nosotros mismos; por lo tanto, nuestros esfuerzos deben ser forzosamente vigorosos”.
Y en materia de democracia, el esfuerzo más vigoroso de todos es el que se aplica a purificar y sostener los principios, asentados en la esencia de la condición humana.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.